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La soberanía selectiva y el distractor llamado Chihuahua

Publicado:abril 28, 2026
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La soberanía selectiva y el distractor llamado Chihuahua, pero no Baja California, pero no Sonora o Coahuila, pero no Nuevo León o Tamaulipas.- La reciente indignación presidencial por un supuesto agravio a la soberanía nacional en Chihuahua merece una pregunta incómoda: ¿es una defensa auténtica del país… o una reacción políticamente conveniente?

Porque cuando la soberanía aparece solo en momentos útiles para el discurso, corre el riesgo de convertirse en herramienta narrativa y no en principio de Estado.

El caso Chihuahua, con señalamientos, tensiones y la figura de la gobernadora Maru Campos en el centro de la polémica, parece más un episodio de confrontación política que una discusión seria sobre seguridad fronteriza. Y mientras el debate se llena de consignas, se deja de lado la realidad concreta que viven millones de personas en la frontera norte: el crimen organizado no reconoce límites territoriales, no respeta aduanas y no pide permiso para operar.

La frontera no se entiende desde el escritorio central

Quien no vive en los estados fronterizos muchas veces imagina una línea divisoria simple: de un lado México, del otro Estados Unidos. Pero la vida real en la frontera es mucho más compleja.

Hay comercio diario, cadenas productivas integradas, cruces familiares, cooperación aduanera, intercambio de inteligencia, flujos migratorios y amenazas criminales binacionales. El tráfico de drogas, armas, dinero y personas no se detiene ante una bandera. Opera precisamente aprovechando vacíos entre jurisdicciones.

Por eso, la coordinación interinstitucional entre niveles de gobierno y entre países no es traición. Es necesidad operativa.

Pensar que cada autoridad no puede actuar sola, encerrada en un nacionalismo declarativo, sería regalarle ventaja al crimen.

Soberanía no significa aislamiento

Existe una confusión frecuente: creer que soberanía equivale a rechazo automático de toda colaboración internacional. No es así.

Un Estado soberano decide con quién coopera, bajo qué reglas y para qué objetivos. Soberanía no es gritar más fuerte. Es tener capacidad real de decisión, instituciones fuertes y estrategia propia.

Cuando México comparte inteligencia, coordina operativos legales, intercambia información financiera o trabaja con agencias externas bajo marcos formales, no renuncia a soberanía. La ejerce.

Lo contrario sería dejar que redes criminales transnacionales actúen sin respuesta conjunta por miedo al costo político de la foto.

Maru Campos como distractor

La figura de la gobernadora de Chihuahua se vuelve funcional en este escenario. Convertir el debate en “Maru sí, Maru no” distrae del problema principal: la violencia y el narcotráfico en una zona crítica del país.

Es una táctica conocida. Personalizar para evitar profundizar. Polarizar para no explicar. Señalar a un adversario local mientras se evade la pregunta central: ¿qué estrategia efectiva existe para recuperar territorios, frenar rutas criminales y proteger comunidades fronterizas?

Cuando la discusión gira en torno al personaje, se salva el guion y se pierde el fondo.

El crimen sí coopera

Mientras gobiernos discuten competencias, ideología o narrativa, los grupos criminales hacen exactamente lo contrario: cooperan.

Se coordinan entre células, cruzan dinero entre países, usan tecnología global, redes logísticas sofisticadas y mercados internacionales. Son flexibles, veloces y pragmáticos.

Por eso resulta ingenuo combatir estructuras transnacionales con discursos localistas.

La seguridad del siglo veintiuno exige inteligencia compartida, trazabilidad financiera, controles fronterizos modernos y coordinación entre municipios, estados, federación y socios internacionales.

La soberanía verdadera

La soberanía verdadera no está en una conferencia matutina ni en una frase encendida. Está en que los ciudadanos puedan vivir sin miedo. Está en que un empresario no pague extorsión. Está en que una madre no tema por sus hijos. Está en que una carretera no pertenezca al crimen.

Si una nación no controla plenamente su territorio, hablar de soberanía solo en términos retóricos resulta insuficiente.

Y si se invoca la soberanía para atacar adversarios internos mientras se tolera la expansión criminal, el concepto pierde credibilidad.

México necesita menos teatro y más estrategia

La frontera norte requiere visión técnica, ni dramatización política. Requiere reconocer que la cooperación bien diseñada es indispensable. Requiere liderazgo capaz de distinguir entre subordinación y coordinación.

– No toda colaboración externa es entrega.
– No toda crítica interna es traición.
– No todo conflicto político merece disfrazarse de patriotismo.

La indignación selectiva suele durar un ciclo noticioso. La violencia fronteriza dura años.

México necesita una soberanía inteligente: firme, moderna y eficaz. No una soberanía escenográfica que aparece cuando conviene electoralmente.

Porque mientras unos defienden soberanía en los micrófonos y ante las cámaras, otros defienden plazas.
Y esa diferencia cuesta vidas.

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