Desde Ensenada, Baja California, este 7 de Mayo recibimos en el estudio a Arregui Ibarra, que es una figura política muy conocida en Baja California, particularmente en Ensenada y Tijuana.
Su trayectoria mezcla operación política, trabajo legislativo, pragmatismo partidista, y una capacidad notable para mantenerse vigente pese a cambios de gobierno y colores políticos.
Actualmente se desempeña como Secretario del Trabajo y Previsión Social del gobierno estatal de Baja California.
¿Quién es políticamente?
Es abogado egresado de la UABC, con formación en gobernabilidad y gestión pública. También ha sido catedrático y ocupó cargos como delegado del Infonavit antes de consolidarse como operador político estatal.
Pero en Baja California no se le conoce solamente por el currículum académico.
Se le conoce por su habilidad política su presencia mediática y su capacidad de adaptación.
Su origen político
Arregui surgió del PRI.
Durante años fue identificado como parte de la nueva generación priista de Baja California, especialmente fuerte en Ensenada.
Tuvo momentos donde incluso se proyectó como posible candidato fuerte a la alcaldía y posteriormente a la gubernatura. Pero el gran giro vino con la caída del PRI en Baja California.
Y ahí hizo algo que muchos políticos hacen… pero pocos reconocen: reacomodarse.
La “Ley Bonilla” y el punto de quiebre…
Uno de los episodios más polémicos de su carrera fue votar a favor de la llamada “Ley Bonilla”. La reforma que buscó ampliar de dos a cinco años el mandato de Jaime Bonilla.
Ese episodio marcó muchísimo su imagen pública porque: fue visto como pragmatismo extremo, oportunismo político,
y cercanía con el bonillismo. Desde entonces, sus críticos lo señalan como un político altamente adaptable al poder en turno.
Cómo lo perciben distintos sectores
Sus simpatizantes dicen que es operador eficaz, institucional, preparado, conciliador, y con experiencia real de gobierno.
Además, dentro del sector laboral y empresarial ha mantenido diálogo relativamente constante.
Sus críticos dicen que representa el viejo estilo político, excesivamente pragmático, cercano al poder dominante, y más operador que ideólogo.
También le cuestionan cambios de alianzas, acomodos políticos, y cercanía histórica con grupos de poder.
Algo importante en Baja California
En la política bajacaliforniana hay perfiles ideológicos, mediáticos, técnicos, y operadores. Arregui pertenece claramente al grupo de operadores políticos. Y eso explica por qué ha sobrevivido al derrumbe del PRI, al bonillismo, y ahora al entorno morenista.
Su estilo político
No suele manejar discurso radical. Su perfil es más institucional, negociador, moderado y técnico-político.
Eso le ha permitido mantener relaciones, moverse entre grupos, y conservar vigencia. En Ensenada particularmente, es conocido desde hace muchos años por su presencia territorial relaciones empresariales, estructura política, y capacidad de operación electoral.
No genera unanimidad. Pero sí reconocimiento político. Y eso en Baja California ya significa mucho.
Mi lectura política
Alejandro Arregui representa algo muy típico de la política mexicana moderna: la supervivencia del operador profesional. No es un fenómeno ideológico. Es un fenómeno estructural. Porque en México, muchas veces sobreviven más quienes saben negociar, moverse, y adaptarse… que quienes tienen convicciones rígidas.
Y Arregui, guste o no, ha demostrado precisamente eso: capacidad de adaptación política.
En Podcast de Ases decimos, que la política se parece más a un casino de lo que muchos quisieran aceptar.
– Hay jugadores que llegan sonriendo… aunque ya conocen las cartas.
– Otros apuestan fuerte con dinero ajeno.
– Muchos bluffean.
– Algunos reparten.
– Y unos cuantos controlan la mesa sin siquiera sentarse a jugar.
Y, que en el póker, como en la política, no siempre gana el mejor.
A veces gana el más paciente, el que sabe mentir sin temblar, el que lee el miedo de los demás, o el que entendió que la percepción vale más que la verdad.
Las campañas políticas parecen torneos de Texas Hold’em, porque todos prometen tener la mejor mano… aunque varios solo traigan un dos y un siete escondidos bajo la manga. Y mientras el público apuesta esperanza, los operadores cuentan fichas.
Hay alianzas que parecen parejas… y terminan siendo faroles.
Hay enemigos que se insultan frente a cámaras… y brindan juntos detrás del VIP.
Hay políticos que juegan ajedrez… y otros que apenas entienden baraja.
Pero el verdadero casino no está en las urnas.
Está en el poder.
Porque ahí las reglas cambian:
la casa casi siempre gana.
Y aun así, millones siguen entrando convencidos de que esta vez sí podrán cambiar la suerte.



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