Juglares de Ensenada – Crónicas y Testimonios de una Época, es la memoria periodística de un puerto que aprendió a contarse a sí mismo.
En toda ciudad hay voces que registran su historia mientras ocurre. Voces que observan, preguntan, anotan y narran. En Ensenada, ese papel lo han desempeñado durante décadas periodistas, locutores, cronistas y comunicadores que, desde una cabina de radio o en la cámara de la tv, con una libreta de apuntes o una cámara, han documentado la vida pública, política y social del puerto.
“Juglares de Ensenada – Crónicas y Testimonios de una Época” es un proyecto que nace precisamente para reconocer a esas voces. Es una obra que mira hacia atrás para rescatar la memoria periodística de la región y rendir homenaje a quienes dedicaron su vida al oficio de comunicar.
El título no es casual. La palabra juglares evoca a aquellos narradores medievales que viajaban de pueblo en pueblo relatando historias, acontecimientos y leyendas. En cierta forma, los periodistas de Ensenada han cumplido una función muy similar: ser los narradores de su tiempo. Cronistas cotidianos de una ciudad que ha cambiado con el paso de las décadas, pero que sigue necesitando de quienes la cuenten.
Este proyecto reúne nombres que forman parte de la historia de los medios en Ensenada. Hombres y mujeres que escribieron en periódicos locales, hablaron frente a un micrófono de radio, reportearon desde la calle o se convirtieron en testigos de los momentos que marcaron la evolución de la ciudad.
Entre esos nombres aparecen figuras como Miguel Lanz Pérez, Pinky Paredes, Ramón Cota y Carvajal, Pancho Vargas, Óscar “El Pica” Barbosa, Manuel Trejo, Luis Montes Pinal, Nachito Sánchez, Armando Castañeda, Célida Valdés, Becky Anasosa, Lupita Abelar, Abelardo Rodríguez, Lázaro Márquez, Jorge Zumaya Sánchez, Alfredo Ortiz, José León Toscano, Luis Mario Lamadrid, Tomás Limón, Jorge Martell, Pedro Chávez, Raúl Marín, el maestro Tellaeche, Juan Ruiz, Marco Aguilar, Carlos Mix, Paco Porragas, Jesús Torres, Heriberto Márquez y Alberto Ventura Cebreros, entre otros.
Cada uno representa una etapa distinta del periodismo local. Algunos pertenecen a la época de las redacciones tradicionales, cuando la noticia se escribía en máquinas de escribir y las fotografías se revelaban en cuartos oscuros. Otros vivieron la transición hacia la radio moderna, la televisión local y posteriormente hacia los medios digitales.
En conjunto, sus historias forman un mosaico que explica cómo se fue construyendo la narrativa pública de Ensenada.
“Juglares de Ensenada” no se limita a enumerar nombres. Busca recuperar memoria y crónicas, testimonios, anécdotas; los recuerdos que revelan cómo se hacía periodismo en otras épocas: las coberturas en condiciones precarias, las madrugadas en la redacción esperando el cierre del periódico, las transmisiones improvisadas desde la calle, los viajes para cubrir sucesos importantes y las historias humanas que rara vez quedaban impresas en papel.
En muchos casos, estos comunicadores trabajaban más por vocación que por reconocimiento. El periodismo local, como en muchas ciudades del país, se construyó gracias al esfuerzo de personas que entendían su trabajo como un servicio a la comunidad.
Ellos registraron elecciones municipales, conflictos sociales, cambios económicos, fiestas populares, tragedias y celebraciones. Sus notas y reportajes se convirtieron con el tiempo en archivos históricos que hoy permiten comprender cómo ha evolucionado la ciudad.
El proyecto también tiene un valor generacional. Para los periodistas jóvenes, “Juglares de Ensenada” representa una oportunidad para conocer la historia del oficio en su propia ciudad. En un tiempo donde la información circula a gran velocidad en redes sociales, recordar las raíces del periodismo ayuda a comprender la importancia de la investigación, la verificación de datos y el compromiso con la verdad.
Además, la obra rescata un elemento fundamental del periodismo regional: su cercanía con la comunidad. A diferencia de los grandes medios nacionales, el periodista local suele conocer personalmente a los protagonistas de las historias que cubre. Esa proximidad genera una narrativa distinta, más humana y directa.
La propuesta también se conecta con el ámbito cultural y musical. La pieza fue desarrollada con letras de Luis Castillo y arreglos de Max Adame, con interpretación de Feeling Machine Sinfon IA Band, un proyecto creativo que combina producción musical y tecnología con IA para contar historias a través de la música.
De esta manera, “Juglares de Ensenada” no sólo es un homenaje escrito. También es una obra artística que mezcla narrativa, memoria histórica y expresión musical para celebrar a quienes dedicaron su vida a informar.
En una época donde la memoria colectiva suele diluirse entre la velocidad de las noticias digitales, iniciativas como esta adquieren un valor especial. Recordar a los periodistas que narraron la historia de Ensenada es también reconocer el papel del periodismo en la construcción de la identidad de la ciudad.
Porque detrás de cada titular, cada crónica y cada transmisión de radio hubo siempre alguien que decidió contar lo que estaba ocurriendo.
Y gracias a ellos, hoy sabemos cómo se fue escribiendo la historia de este puerto.
“Juglares de Ensenada – Crónicas y Testimonios de una Época” es, en esencia, un tributo a esos narradores del tiempo. A los cronistas del puerto. A quienes con tinta, voz o cámara ayudaron a preservar la memoria de Ensenada para las generaciones futuras.



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