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Del discurso a la realidad y el incómodo momento que volvió viral una marcha del 8M

Publicado:marzo 9, 2026
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Del discurso a la realidad y el incómodo momento que volvió viral una marcha del 8M, un video, en Tlaxcala, un hombre quiso apoyar el 8M con una frase en la espalda… pero la realidad lo alcanzó en plena manifestación.

Las redes sociales tienen una extraña habilidad para exhibir, en pocos segundos, contradicciones que a veces tardan años en descubrirse en la vida cotidiana. Eso fue exactamente lo que ocurrió este 8 de marzo, durante una de las marchas por el Día Internacional de la Mujer en México, cuando un video se volvió viral mostrando una escena que parece escrita por un guionista de sátira social.

Un hombre asistió a la manifestación acompañado de su novia. Hasta ahí, nada extraño. Lo llamativo era el mensaje que llevaba escrito en la espalda: “Me callo para que ellas hablen.”

Una frase que, en teoría, busca mostrar respeto, empatía y solidaridad con la causa de las mujeres. Un gesto simbólico de quienes consideran que ese día el protagonismo debe ser femenino.

Pero en cuestión de segundos, el símbolo se convirtió en una escena incómoda de realidad.

En medio de la manifestación apareció la ex pareja del hombre. La madre de su hijo. Y frente a él, frente a su novia, frente a decenas de manifestantes y frente a las cámaras de los teléfonos que todo lo registran hoy, lo confrontó.

Las palabras fueron directas, sin filtros, cargadas de la frustración que sólo entiende quien lleva años luchando contra la indiferencia de alguien que debería asumir responsabilidades.

“¿Tú qué sabes, tú qué sabes?… Tienen un hijo. Cabrona, tiene un hijo conmigo. ¿Sabes cuántos años tiene? Nueve. ¿Y sabes cuánto tiempo llevo peleando en juzgado?”

No era un debate ideológico. Era algo mucho más básico: la pensión alimenticia de un niño.

Y en ese instante, la escena cambió de sentido.

La frase en la espalda que pretendía mostrar sensibilidad social se convirtió en un espejo incómodo. Porque una cosa es apoyar causas en una marcha… y otra muy distinta es cumplir con las responsabilidades más elementales en la vida real.

Ese es, quizá, uno de los grandes problemas de nuestro tiempo: la tentación del activismo simbólico.

Vivimos en una era donde las consignas caben en una camiseta, en una pancarta o en un tuit. Donde es relativamente fácil adoptar el lenguaje de las causas sociales. Donde basta una frase ingeniosa para ganar aprobación inmediata en redes sociales.

Pero las causas reales —las que afectan la vida de personas concretas— no se resuelven con frases impresas.

Se resuelven con responsabilidad.

En México, el problema del incumplimiento de pensiones alimenticias es enorme. Miles de mujeres pasan años en procesos judiciales intentando que el padre de sus hijos cumpla con lo que por ley y por ética le corresponde. En muchos casos, la batalla legal es larga, desgastante y costosa.

No es un tema menor.

Porque detrás de cada juicio hay un niño que crece, que necesita alimento, educación, atención médica y estabilidad.

Por eso la escena del video resultó tan poderosa.

No porque exhiba a un individuo en particular —que probablemente hoy ya enfrenta el juicio feroz de las redes— sino porque revela una contradicción mucho más amplia que atraviesa a nuestra sociedad.

La diferencia entre el discurso público y la conducta privada.

Apoyar el Día Internacional de la Mujer es legítimo. Marchar también. Reconocer la lucha por los derechos de las mujeres es necesario.

Pero la coherencia comienza en lo cotidiano.

Empieza en casa.
Empieza con los hijos.
Empieza con cumplir responsabilidades.

Porque el respeto hacia las mujeres no se demuestra con una frase escrita en la espalda.

Se demuestra siendo un padre responsable.

Se demuestra cumpliendo con la pensión alimenticia.

Se demuestra evitando que una mujer tenga que pasar años peleando en tribunales para que se haga justicia para su hijo.

El video viral dejó al descubierto algo incómodo: que a veces las consignas progresistas pueden convertirse en una especie de maquillaje moral. Un disfraz que luce muy bien en la foto… pero que se cae cuando la realidad aparece de frente.

Y cuando eso ocurre, la escena es brutalmente reveladora.

Porque en ese momento ya no se trata de ideología.

Se trata de congruencia.

El 8 de marzo es una fecha que invita a reflexionar sobre desigualdad, violencia y derechos. Pero también debería recordarnos algo fundamental: la verdadera igualdad no se construye con slogans, sino con responsabilidad cotidiana.

Con hechos.

Con coherencia.

Con justicia para quienes más dependen de ella.

Porque al final, en medio de la discusión pública, hay un dato que no debería perderse entre consignas y pancartas:

Hay un niño de nueve años esperando que un adulto haga lo correcto.

Y eso, a diferencia de una frase en la espalda, no es un símbolo.

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