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Certificar a las buscadoras no debe normalizar las desapariciones

Publicado: octubre 7, 2026
Certificar a las buscadoras no debe normalizar las desapariciones Compartido por:

Certificar a las buscadoras no debe normalizar las desapariciones. La información sobre la certificación de Ceci Patricia Flores Armenta y Milagros de Jesús Valenzuela Flores coloca frente a nosotros esa contradicción.

Hay reconocimientos que provocan orgullo y, al mismo tiempo, una profunda vergüenza nacional.

Reconocer los conocimientos de una madre buscadora puede ser justo. Convertir ese reconocimiento en una historia de éxito gubernamental exige preguntarnos primero por qué una mujer tuvo que aprender a rastrear terrenos, interpretar indicios y organizar búsquedas para encontrar a un ser querido.

¿Qué país estamos construyendo cuando las familias necesitan especializarse en buscar a quienes desaparecen?
La información sobre la certificación de Ceci Patricia Flores Armenta y Milagros de Jesús Valenzuela Flores coloca frente a nosotros esa contradicción. Sus conocimientos merecen reconocimiento. Su experiencia merece ser escuchada. Pero las circunstancias que las obligaron a adquirirla deberían indignarnos.

Nadie tendría que cambiar los abrazos por herramientas de rastreo. Ninguna madre debería aprender a distinguir señales en la tierra porque las respuestas de una oficina nunca llegaron. Ninguna familia tendría que organizar su vida alrededor de llamadas anónimas, recorridos peligrosos y la esperanza de encontrar algo que termine con la incertidumbre.

Podemos valorar su capacidad sin acostumbrarnos a su tragedia.
El peligro aparece cuando la figura de la madre buscadora se vuelve parte habitual del paisaje mexicano. Cuando vemos una fotografía de mujeres recorriendo un terreno y seguimos deslizando la pantalla. Cuando una ficha de búsqueda se confunde con cualquier otra publicación.

Cuando la desaparición deja de interrumpir nuestra vida colectiva.
Entonces empezamos a normalizar lo intolerable.
También debemos cuidar las palabras. Hablar de “profesionalizar su trabajo” puede reconocer habilidades reales, pero corre el riesgo de presentar como una ocupación elegida lo que nació de una ausencia insoportable.

Muchas familias buscan porque necesitan respuestas. Porque aman. Porque no pueden aceptar que alguien desaparezca y el mundo continúe como si nada.

Ese amor no debe convertirse en una excusa para descargar sobre ellas responsabilidades públicas.
Una certificación puede ayudar a respaldar conocimientos, mejorar procedimientos y fortalecer la participación de los colectivos. Sería injusto despreciarla si las propias buscadoras la consideran útil. Pero su valor debe medirse por lo que permite conseguir: búsquedas más seguras, mejor coordinación, atención a sus hallazgos y respuestas oportunas.

El reconocimiento tiene que venir acompañado de protección, recursos y capacidad institucional. De poco sirve acreditar conocimientos si después las mujeres siguen consiguiendo por su cuenta transporte, combustible y equipo, o si necesitan insistir una y otra vez para que una autoridad atienda una pista.

Las familias tienen derecho a participar. Esa participación no puede convertirse en condición para que las instituciones actúen.
Y el reconocimiento tampoco puede dividirlas entre quienes tienen un documento y quienes carecen de él. El dolor no necesita acreditación. Una madre sin certificado merece la misma atención, el mismo respeto y la misma urgencia.

También conviene recordar que buscar corresponde a toda una sociedad: madres, padres, hermanas, hermanos, parejas, hijas e hijos. Celebrar únicamente el sacrificio materno puede terminar reforzando otra injusticia: dejar sobre las mujeres el peso de sostener la esperanza familiar.

La pregunta para las autoridades debe ser concreta: además de reconocer a quienes buscan, ¿qué están haciendo para evitar nuevas desapariciones, localizar a las personas y esclarecer lo ocurrido?

Necesitamos resultados que puedan revisarse. Instituciones que escuchen a las familias y trabajen con ellas. Investigaciones que produzcan respuestas. Protección para quienes enfrentan riesgos por buscar.

Por amor a las madres buscadoras, tenemos que dejar de romantizar su sufrimiento. Su valentía merece respeto; las condiciones que la hacen necesaria merecen ser transformadas.

Que sus conocimientos sean reconocidos. Que sus voces tengan peso. Que sus hallazgos sean atendidos.
Pero que nunca confundamos un certificado con justicia.

El éxito de un país debería medirse por las personas que vuelven a casa sanas y a salvo, no por cuántas madres tuvieron que aprender a buscarlas.

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