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Sólo lo que se nombra existe y no nombra a Rocha Moya, presidentA

Publicado: agosto 22, 2026
Sólo lo que se nombra existe y no nombra a Rocha Moya, presidentA Compartido por:

Sólo lo que se nombra existe y no nombra a Rocha Moya, presidentA. En su toma de protesta del 1 de octubre de 2024 Sheinbaum dijo literalmente “sólo lo que se nombra existe”, al pedir que se utilizara “presidenta” con A. Dos semanas después ella misma reformuló el principio como “lo que no se nombra no existe”.

Hoy publica un mensaje durísimo sobre “ambición desnuda del poder por el poder”, cargos pasajeros e intereses personales, justo un día después de que Rubén Rocha Moya regresara a la gubernatura de Sinaloa tras 112 días de licencia. Pero no escribió su nombre. EFE, El Universal, El Financiero y otros medios interpretan el mensaje en el contexto del regreso de Rocha; la Presidencia, hasta ahora, no lo identifica expresamente en el texto.

Lo que no se nombra… ¿no existe, Presidenta?

Hay frases que envejecen.

Y hay frases que regresan para tocar la puerta de quien las pronunció.

El primero de octubre de 2024, durante su histórico discurso de toma de posesión, Claudia Sheinbaum hizo una petición que rápidamente se convirtió en una de las frases simbólicas de su llegada a la Presidencia.

Pidió que le llamaran:

Presidenta. Con A.

Y explicó:

“Sólo lo que se nombra existe”.

La frase tenía entonces un propósito perfectamente claro: visibilizar a las mujeres en el lenguaje, en la historia y en el ejercicio del poder.

Dos semanas después, ella misma volvió sobre aquella idea y la expresó todavía más directamente:

“Lo que no se nombra no existe”.

Perfecto.

Recordemos esas palabras.

Porque hoy nos hacen mucha falta.

Presidenta: ¿cómo se llama?

Esta mañana Claudia Sheinbaum publicó un mensaje extraordinariamente severo:

“Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación”.

Después escribió que aquello que se pretende colocar sobre México no es el bienestar de la gente, sino:

“la ambición desnuda del poder por el poder”.

Más adelante lanzó otra frase todavía más contundente:

“El poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia”.

Y remató:

“México merece servidores públicos que entiendan que los cargos son pasajeros”.

Palabras mayores.

El mensaje apareció un día después del regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa.

Rocha volvió después de 112 días de licencia, en medio de acusaciones formuladas en Estados Unidos y de investigaciones que todavía siguen abiertas. Su regreso provocó además un evidente distanciamiento de dirigentes y figuras de Morena.

Así que prácticamente todo mundo entendió a quién iba dirigido el mensaje presidencial.

EFE lo contextualizó directamente con el caso Rocha.

El Universal hizo lo mismo.

El Financiero preguntó incluso desde el encabezado:

“¿Es para Rocha Moya?”

Pero Claudia Sheinbaum hizo algo curioso.

No escribió su nombre.

Y entonces regresamos inevitablemente a aquella frase:

lo que no se nombra no existe.

¿Por qué no decir Rubén Rocha Moya?

Si la Presidenta considera que el regreso del gobernador representa una “ambición desnuda del poder por el poder”…

que lo diga.

Si considera que Rocha está anteponiendo un interés personal al interés de Sinaloa…

que lo diga.

Si cree que debería volver a separarse del cargo…

que lo diga.

Si considera que su regreso perjudica a Morena, al gobierno o al país…

que lo diga.

Tiene todo el derecho.

Es más:

por la gravedad del momento, quizá tenga también la responsabilidad política de hacerlo.

Pero lanzar un misil y negarse a escribir en él el nombre del destinatario genera una situación bastante extraña.

Todos sabemos hacia dónde parece volar.

Todos entendemos el contexto.

Todos relacionamos las palabras con el regreso de Rocha.

Pero formalmente siempre quedará disponible la salida:

“Yo nunca dije que hablaba de él”.

Y ésa es precisamente la utilidad política de no nombrar.

Rocha pasó de aliado a problema

Hay que dimensionar el momento.

Rubén Rocha Moya no es un adversario histórico de la Cuarta Transformación.

No es panista.

No es priista.

No es gobernador opositor.

Llegó al poder por Morena.

Fue parte del proyecto.

Fue acompañado políticamente por el movimiento.

Fue defendido durante buena parte de la crisis de violencia sinaloense.

Pero hoy su regreso parece haber ocurrido sin el respaldo político que alguna vez tuvo.

Reuters reportó que el gobierno federal y Morena se distanciaron de la decisión de reincorporarse, mientras Rocha sostiene que las acusaciones estadounidenses son falsas y políticamente motivadas.

El País describe hoy un escenario todavía más crudo: Morena, legisladores y varios gobernadores oficialistas se han desmarcado de su retorno.

Dicho coloquialmente:

Rocha parece haber caído en desgracia.

Y eso convierte el silencio nominal de Sheinbaum en algo todavía más interesante.

Porque cuando era necesario defenderlo, su nombre sí existía.

Ahora que parece necesario marcar distancia…

aparece un mensaje sin destinatario.

“El poder sin principios…” ¿de quién?

La frase presidencial es fuerte.

Muy fuerte.

“El poder sin principios se vuelve arrogancia”.

¿De quién habla?

“El poder sin límites, abuso”.

¿Quién está abusando?

“El poder que olvida al pueblo termina enfrentándose a la historia”.

¿Quién olvidó al pueblo?

Y todavía:

“El pueblo no está para alimentar ambiciones personales”.

¿La ambición personal de quién?

Porque una Presidenta no escribe esas palabras accidentalmente la mañana siguiente a uno de los movimientos políticos más controvertidos de su propio partido.

El contexto existe.

Pero también existe el nombre.

Rubén Rocha Moya.

Si es él, dígase.

Y si no es él, también convendría aclararlo.

No se trata solamente de semántica

Hay una razón política para exigir claridad.

Rocha enfrenta una acusación en Estados Unidos por presuntos vínculos con una facción del Cártel de Sinaloa.

Él rechaza categóricamente esos señalamientos.

Y hay que repetirlo:

una acusación no equivale a culpabilidad.

Rocha conserva su presunción de inocencia.

Pero las investigaciones no desaparecieron porque regresara a Palacio de Gobierno.

Reuters señala que las indagatorias mexicanas y estadounidenses continúan.

Por eso necesitamos saber cuál es exactamente la postura de la Presidenta.

No la interpretación de los periodistas.

No lo que creemos que quiso decir.

No el mensaje entre líneas.

La postura presidencial.

¿Confía todavía en Rubén Rocha Moya?

¿Considera conveniente que gobierne mientras continúan las investigaciones?

¿Le pidió que no regresara?

¿Le recomienda volver a solicitar licencia?

¿Cree que está poniendo su interés personal sobre el interés de Sinaloa?

Esas preguntas admiten respuestas.

Y todas tienen un nombre.

Porque nombrar también significa asumir

La frase de Sheinbaum sobre el lenguaje tenía una idea de fondo muy poderosa.

Nombrar hace visible.

Nombrar reconoce.

Nombrar obliga a mirar.

Pues exactamente el mismo principio puede aplicarse al poder.

Cuando una Presidenta señala públicamente una conducta tan grave como la “ambición desnuda del poder por el poder”, también debería decirnos quién encarna esa conducta.

Porque de otro modo entramos en el territorio de los mensajes cifrados.

Las indirectas.

Los destinatarios innombrables.

La política del “quien entendió, entendió”.

Y México necesita algo mucho más sencillo:

claridad.
Rocha sí tiene nombre

Se llama:

Rubén Rocha Moya.

Es gobernador constitucional de Sinaloa.

Regresó ayer al cargo.

Estuvo 112 días de licencia.

Estados Unidos mantiene acusaciones en su contra.

Él las niega.

La investigación mexicana no está cerrada.

Y su regreso abrió una crisis política dentro del propio movimiento gobernante.

Ésos son hechos.

Lo que todavía necesitamos conocer claramente es qué piensa Claudia Sheinbaum de todo eso.

Porque esta mañana pareciera que nos lo dijo…

sin decirnos a quién se lo dijo.

Presidenta:

usted nos enseñó una frase.

Nos dijo que las mujeres debían ser nombradas.

Que presidenta se dice con A.

Que aquello que no nombramos termina siendo invisible.

Fue una idea poderosa.

Aplíquela también a la política.

Si habla de Rocha…

nombre a Rocha.

Si cree que su regreso representa una ambición personal…

dígalo.

Si considera que debería abandonar nuevamente el cargo…

dígalo.

Y si su mensaje no era para él…

también dígalo.

Porque el poder exige responsabilidad también en las palabras.

Y hoy, Presidenta, utilizando precisamente aquella enseñanza que usted misma llevó al Congreso de la Unión:

si sólo lo que se nombra existe…
¿por qué Rubén Rocha Moya no aparece por ningún lado en su mensaje?

Quizá porque algunas veces, en política,

lo que no se nombra es precisamente lo que todos están viendo.

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