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Nadie habla de un presunto feminicidio de Estado…

Publicado: julio 4, 2026
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Nadie habla de un presunto feminicidio de Estado… ¿Y por qué? Hay crímenes que estremecen por su brutalidad. Pero hay otros que sacuden todavía más porque obligan a cuestionar a las propias instituciones encargadas de proteger a la sociedad.

El asesinato de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez es uno de ellos.

Durante semanas, México habló del secuestro de una periodista. Se discutió la violencia contra la prensa, el riesgo de informar y la impunidad que sigue cobrando vidas.

Pero hay una pregunta que casi nadie se atreve a formular.

¿Y si este caso también obliga a hablar de un posible feminicidio de Estado?

No porque exista una sentencia que así lo determine, sino porque los propios datos conocidos hasta ahora colocan al Estado en el centro de la discusión.

La Fiscalía General del Estado de Veracruz informó la detención de ocho personas por este caso, entre ellas cuatro policías municipales de Ixhuatlán del Sureste, señalados como presuntos participantes en el secuestro y asesinato de Roxana Guzmán.

No se trata de delincuentes comunes. No se trata únicamente del crimen organizado.

Se trata de servidores públicos que, de acuerdo con la investigación ministerial, habrían participado en un crimen contra una mujer cuya obligación constitucional era proteger.

Y eso cambia completamente la dimensión del caso.

Porque cuando una mujer desaparece y quienes deberían cuidarla aparecen como presuntos responsables, la violencia deja de ser solamente criminal. También se convierte en una profunda crisis institucional. Roxana era periodista. Pero también era mujer. Madre. Hija. Ciudadana.

Su asesinato representa un golpe contra la libertad de expresión, pero también obliga a preguntarnos por qué la conversación pública parece olvidar la violencia feminicida cuando la víctima pertenece a un gremio.

¿Por qué hablamos únicamente del asesinato de una periodista? ¿Por qué no hablamos también de una mujer asesinada? ¿Por qué no discutimos la responsabilidad del Estado cuando algunos de sus propios agentes aparecen involucrados?

El uniforme no sólo representa autoridad. Representa confianza. Representa el compromiso de proteger la vida. Cuando esa confianza se rompe desde dentro, el daño es mucho más profundo que el cometido por cualquier organización criminal. Porque el ciudadano deja de saber de quién debe protegerse.

En México hemos normalizado la violencia. Nos indignamos unos días. Compartimos fotografías. Exigimos justicia. Y después seguimos adelante. Pero este caso merece algo más que indignación. Merece respuestas. ¿Cómo fue posible que una periodista fuera privada de la libertad pese a la amplia difusión del caso? ¿Por qué no pudo ser localizada con vida? ¿Qué controles fallaron? ¿Qué protocolos no funcionaron? ¿Quién supervisaba a los policías hoy investigados? ¿Qué mecanismos existen para detectar la infiltración criminal dentro de las corporaciones municipales?

Las respuestas importan.

Porque la confianza pública también se construye con instituciones capaces de investigar, sancionar y depurar a quienes traicionan el uniforme.

Si las investigaciones confirman la responsabilidad penal de los policías detenidos, el país enfrentará una de las expresiones más graves de la violencia institucional: aquella en la que quienes juraron proteger terminan participando en el crimen.

Y entonces la discusión dejará de ser únicamente sobre periodismo. O únicamente sobre feminicidio. Será una discusión sobre el Estado mexicano. Sobre sus instituciones. Sobre su capacidad para proteger a las mujeres. Y sobre la obligación de impedir que quienes reciben un arma, una placa y la confianza ciudadana se conviertan en sus verdugos.

Porque cuando una periodista es asesinada, pierde la libertad de expresión. Cuando una mujer es asesinada, pierde toda la sociedad. Pero cuando los presuntos responsables son policías… también pierde el Estado una parte de su legitimidad. Porque la autoridad no sólo debe perseguir el delito.

Debe impedir que el delito vista uniforme.

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